Identidad y Adolescencia.

Adolescencia.

La adolescencia es la etapa del desarrollo que transcurre desde el inicio de la pubertad (aparición de los caracteres sexuales secundarios a raíz de cambios hormonales),  hasta la finalización del crecimiento biológico y del desarrollo psicológico y social del individuo, aunque éste seguirá con cierta evolución durante todo el ciclo vital.

Su inicio y finalización es diferente en cada individuo, y es más tardía en el varón. La adolescencia es un periodo primordial para el desarrollo psicosocial, siendo cuatro los hitos a alcanzar en esta etapa de la vida:

 

  • La lucha por pasar de la dependencia de las figuras parentales, a la independencia.
  • Preocupación incrementada por el aspecto corporal en una sociedad donde hay una constante preocupación en este sentido.
  • Integración en el grupo de amigos, teniendo este hecho mayor importancia al inicio de la adolescencia para perder fuerza al final del desarrollo psicosocial a favor de una relación individual más íntima con quien compartir pensamientos y sentimientos.
  • Desarrollo de la propia identidad, siendo este hito el propósito del actual escrito.

 

Construcción de la identidad en la adolescencia.

Se puede afirmar que el hito o meta más importante de la adolescencia es el desarrollo o construcción de la identidad. Todo adolescente necesita saber quién es, pues necesita sentirse respetado y amado, como todo ser humano, y para ello necesita saber quién es.

El desarrollo de la identidad dependerá en gran medida de la superación favorable de los estadios previos del ciclo vital del ser humano, de la misma manera que el buen desarrollo de la identidad en el adolescente va a influir sobre los estadios post adolescencia para que éstos se desarrollen de forma favorable.

En cada estadio habrá una crisis psicosocial que podrá superarse de forma favorable o desfavorable, con un radio de relaciones significativas.

Construir la identidad es un gran paso hacia una socialización más general y adaptada. Durante la adolescencia lo deseable es identificarse con un grupo de iguales.

El grado de empatía con este grupo repercute en su personalidad y resulta muy idóneo evolutivamente hablando.

Desarrollo de la Inteligencia Emocional.

La inteligencia emocional permite identificar las emociones de las otras personas; reconocer las emociones propias; utilizar esos dos conocimientos para las relaciones sociales y saber manejar las emociones propias.

  • En su autoconocimiento. Implica reconocer los propios estados de ánimo, recursos, fortalezas, debilidades e intuiciones. Conciencia emocional. Correcta autovaloración. Autoconfianza.
  • En su autorregulación. Aprender a gestionar los propios estados anímicos, emociones perturbadoras e impulsos. Autocontrol. Responsabilidad. Integridad. Adaptabilidad.
  • En su automotivación. Conocer las tendencias emocionales que guían o facilitan el cumplimiento de las metas. Compromiso. Iniciativa. Optimismo.
  • En su empatía. Implica tener conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás. Comprensión. Asertividad.
  • En sus habilidades sociales. Comunicación. Liderazgo. Colaboración. Escucha Activa

 

La forma de empezar a desarrollar la inteligencia emocional es reconocer las emociones propias. Es importante que dejemos que nuestros hijos sientan esas emociones y las reconozcan. No es bueno enseñar a los niños a reprimirlas.

Es mucho más sano dejar que las vivan y aprendan a gestionarlas. Es bueno que los niños y los adolescentes entiendan cuándo y por qué son felices, o desgraciados, o sienten frustración, o tienen esperanza, amor o cualquiera otra de las emociones humanas.

También es importante que aprendan a no dejarse arrastrar por ellas. Si un adolescente se siente frustrado debemos enseñarle a que entienda la razón de esa frustración y ayudarle a encontrar las herramientas, también emocionales, que necesita para que la frustración no domine su vida.

Una magnífica forma de que los adolescentes aprendan a gestionar adecuadamente sus emociones es que sean positivos. Y a ser positivos también se aprende.

La mejor escuela para tener una actitud positiva en la vida es vivir rodeado de personas positivas. Unos padres positivos enseñarán a sus hijos a ser positivos.

Pero también es muy importante que los adolescentes entiendan que no todo va a ocurrir de forma inmediata. Entender las propias emociones y aprender a vivir feliz con ellas lleva tiempo.

Es un proceso al que deben dedicarle atención y que deben afrontar con paciencia.

Y al mismo tiempo que los y las adolescentes comienzan a aprender sus propias emociones empezaran también a advertir y entender las emociones de los demás. De ese conocimiento además surgirá si nuestros hijos e hijas son sanos una buena capacidad de empatía que es la capacidad de ponerse en el lugar de los otros.

 

Inteligencia emocional y adolescencia.

Es importante aprender a gestionar las emociones durante la infancia, pero nos olvidamos de una etapa de enorme valor en cuanto a inteligencia emocional: la adolescencia.

La adolescencia es un proceso absolutamente normal de madurez que se inicia alrededor de los 10 o 12 años, dependiendo de la personalidad de cada niñ@, de sus circunstancias y de su entorno, y que está caracterizado por un conjunto de cambios tanto a nivel físico como a nivel de conducta.

Si bien es una etapa vulnerable, hay que aceptarla como un proceso natural e inevitable en el que los adultos también podremos acompañarles para proporcionarles las herramientas que harán de ellos personas seguras, con autoestima y confianza en sí mismos.

Por su vulnerabilidad, esta etapa del desarrollo de nuestros hijos requiere de nosotros paciencia, empatía y comunicación. Sin olvidarnos de la importancia que tiene pasar tiempo en familia, debemos darles el tiempo, la intimidad, e individualidad que esta etapa necesita. A veces parece que no lo quieren o necesitan, pero como todos, necesitan cariño, seguridad y apoyo.

La inteligencia emocional adquiere en esta etapa un papel muy importante y, como tal, hay algunos aspectos que debemos tener en cuenta:

  • Hablar de las emociones. Durante la adolescencia es importante, al igual que en la infancia, hablar de las emociones. Sin embrago, en esta etapa es interesante hablar acerca de cómo se manifiestan ahora y en qué se diferencia de la etapa infantil. Sin agobiarles, sin presionarles, dándoles espacio para hablarlo y haciéndoles sentir libres de expresar sus emociones.
  • Comunicación. La comunicación debe ser bidireccional, pero nuestro papel debe ser también comprender que esa comunicación puede no cumplir a veces con las expectativas que tenemos. En ocasiones se nos olvida que la comunicación con un adolescente ya no es la misma que con un niño.
  • Emplear herramientas adaptadas. En función de la edad adaptaremos su lectura de una forma u otra, profundizando más o menos y prestando atención a unas u otras emociones.
  • Respetar su espacio y necesidades. Debemos aceptar que los cambios internos y la búsqueda de su individualidad pueden marcar unas necesidades muy distintas a las que esperamos. Respetar su espacio y lo que necesitan en cada momento también es vital en el desarrollo de la inteligencia emocional. Somos su guía, su apoyo, su ejemplo.

De la misma manera, un entorno positivo, empatico, que fomente la comunicación y la escucha activa, fortalecerá el entorno propicio para el desarrollo de nuestros adolescentes. Y la mejor manera es escuchando, comunicándonos con ellos y ellas, favoreciendo el respeto a su espacio y sus necesidades. En definitiva, acompañándoles en todo el proceso de una forma asertiva.

Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría. Aristóteles

A Sean…, la persona que nos está enseñando más sobre identidad y adolescencia.

 

@EspaiEduca


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Tendencias en la educación del siglo XXI

Los próximos años, van a ser decisivos en el ámbito educativo tanto en lo que se refiere a innovación pedagógica y nuevas estrategias de enseñanza, así como a la implementación de nuevos  servicios educativos y desarrollo de nuevas tecnologías digitales. Ya en los últimos años hemos visto la generalización de nuevas metodologías como la flipped classroom y el aprendizaje por proyectos, así como el asientamiento de los ordenadores y los libros de texto digitales en los centros escolares. ¿Cuál será el próximo paso en este camino hacia la educación del futuro? Avanzamos cinco tendencias que ya apuntaron en 2016 y que creemos que serán una realidad en 2017, para que estés preparado y te animes a innovar en tu aula.

CLAVES EDUCATIVAS PARA LA INNOVACIÓN Y EL DESARROLLO EN EL 2017.

  1. El proceso de enseñanza-aprendizaje se personalizará. Con unas aulas tan heterogéneas como nuestra sociedad y la importancia de ofrecer una adecuada atención a la diversidad, el aprendizaje individualizado y adaptado a cada alumno resulta esencial en 2016. Para ello, este año hay que optar por clases más participativas, escuchar y descubrir las necesidades de cada niño, por ejemplo a través de la aplicación de teorías como las inteligencias múltiples de Howard Gardner. La finalidad es conseguir que todos los alumnos asimilen, comprendan y afiancen los contenidos, para lo que es necesario adaptar el aprendizaje a sus capacidades o formas de aprender, sus intereses o su ritmo de aprendizaje. Gracias a la personalización se puede desarrollar al máximo el talento de cada estudiante y sus ventajas son múltiples, como explica Javier Tourón en este artículo.
  2. Los profesores apostarán por las nuevas metodologías. La pedagogía inversa, flipped classroom, o el aprendizaje por proyectos ya se han implantado en multitud de centros a lo largo de 2016. Este año los docentes seguirán poniendo en práctica estas y otras metodologías innovadoras para sacar lo mejor de sus alumnos, motivarles y ejercitar todas las competencias y destrezas para convertirlos en adultos formados y preparados. Los próximos pasos pueden ser, por ejemplo, la gamificación de las aulas o el aprendizaje basado en juegos, que dan un enfoque lúdico a la enseñanza y aprovechan el potencial de la diversión y las recompensas para aprender. En los siguientes enlaces tienes más información, para que te animes a probar en 2017 estas dos metodologías:
  • Aprendizaje basado en juegos o Game-Based Learning (GBL)
  • Aprendizaje basado en juegos en el aula
  • Gamificación de la educación
  1. Los alumnos aprenderán de forma activa. El 2016 será el año del aprendizaje experimental o enseñanza orientada a la acción, learning by doing, con la que los niños se convierten en protagonistas de su propio aprendizaje y pueden relacionar la teoría y los conceptos aprendidos con la realidad que les rodea, llevándolos a la práctica. Resulta mucho más motivador para los alumnos, les permite “saber hacer”, “aprender a aprender” y construir un aprendizaje significativo y trabaja, entre otras habilidades y destrezas, las siguientes:
  • Creatividad
  • Autonomía y espíritu emprendedor
  • Resolución de problemas y superación de errores
  • Paciencia, esfuerzo y perseverancia
  • Pensamiento crítico

El aprendizaje activo puede desarrollarse a través de multitud de propuestas y metodologías, entre las que destacan el aprendizaje basado en proyectos, en retos o en problemas. Una de las aplicaciones más novedosas del aprendizaje experiencial aprovecha al máximo el potencial de las TIC a través de la robótica o la programación, animando a los estudiantes a que desarrollen sus propias creaciones informáticas y tecnológicas.

  1. Las aulas serán más flexibles. Un estudio realizado en una treintena de centros escolares británicos en 2016 ha demostrado que una clase bien diseñada y con espacios adecuados mejora el aprendizaje de los estudiantes hasta en un 16 %. Las nuevas formas de aprender exigen que las aulas se adecuen al trabajo en grupo o a la pedagogía inversa o flipped classroom, incluyan distintos rincones o espacios de aprendizaje y potencien su flexibilidad para adaptarse a cada situación y momento.
  2. Las TIC serán esenciales y los alumnos estudiarán en cualquier momento y lugar. En 2016 son ya una realidad el e-learning y el aprendizaje móvil o en movimiento, mobile learning. Las TIC y los nuevos dispositivos electrónicos permiten a los integrantes de la comunidad educativa relacionarse, informarse, estudiar, trabajar y comunicarse en diversos espacios, reales y virtuales. Esta posibilidad rompe las fronteras del aula y abre un inmenso abanico de opciones para los alumnos, pero también para los profesores, que encuentran un nuevo espacio para su formación permanente, cada vez más necesaria en un mundo en constante cambio. Entre otras posibilidades, gracias a las ya imprescindibles TIC y el aprendizaje a distancia y móvil surgen los entornos educativos digitales, accesible en cualquier momento y lugar, las clases online, los cursos masivos en línea, las lecciones virtuales, los espacios colaborativos en red, el almacenamiento y la documentación compartida en la nube, la comunicación instantánea y multidireccional… Y todo ello está, nunca mejor dicho, al alcance de la mano en portátiles, móviles y tabletas. Además, mientras se profundiza en cualquier tema o materia, el aprendizaje a través de las TIC e Internet permite mejorar la competencia digital.

@EspaiEduca

Neuroeducación en el Aula.

En el ámbito educativo cada vez se habla más de neuroeducación, una disciplina que tiene en cuenta el papel que desempeña el cerebro en el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Dentro de este ámbito, la neuroeducación basa sus principios en dos grandes áreas: la neurociencia y las ciencias de la educación, analizando y estudiando los fenómenos educativos desde varios puntos de vista.

Involucrar las emociones en el aprendizaje se vuelve fundamental para motivar, captar la atención del cerebro y así potenciar y mejorar habilidades y talentos, o detectar déficits en los niños en los primeros años de la escuela sin tener que esperar a situaciones casi irreversibles.

Según Salas (2003), la Neurociencia hace referencia a un “conjunto de ciencias cuyo sujeto de investigación es el sistema nervioso, con particular interés en cómo la actividad del cerebro se relaciona con la conducta y el aprendizaje” (p. 156). Entendemos que el estudio del cerebro humano es un proceso realmente complejo, pero nos encontramos en un momento de crecimiento en el que gracias a los nuevos conocimientos aportados por la Neurociencia, disponemos de suficiente información empírica, que nos permite abarcar y poner en práctica distintos programas y metodologías educativas innovadoras y afines, a las competencias y necesidades personales y de aprendizaje que presentan nuestros alumnos.

De acuerdo con la Neuroeducación, la enseñanza debe potenciar y perfeccionar las habilidades propias y biológicas de cada sujeto. Cada cerebro es único y singular, y tiene un ritmo de maduración concreto, (…) cuando se utilizan estrategias en consonancia con la forma natural de aprendizaje de nuestro cerebro, el proceso se facilita el proceso de aprendizaje. La  misión de la Neuroeducación es la de ayudar, ampliar y facilitar el aprendizaje, tanto para aprender como para enseñar, a partir de los descubrimientos obtenidos sobre el cerebro.

Es necesario resaltar, que en el ámbito de la Atención a la Diversidad, y en especial, en alumnos con dificultades de aprendizaje, la Neuroeducación puede influir de forma significativa en el proceso de detección e intervención de déficits en el aula; que puedan obstaculizar o disminuir distintas habilidades como la lectura, la escritura, el cálculo o aprendizaje, de manera temprana. Además de ayudar a prevenir, reducir o mitigar todas aquellas consecuencias de vivir en ambientes estresantes y negativos o de constante amenaza, con lo que adquieren hábitos que influyen también de manera negativa en el desarrollo normal de sus cerebros.

Estas metodologías  insisten en la importancia de entender al alumno como un ser global, y cómo su formación en conceptos puramente académicos deben ir ligados a la comprensión del funcionamiento de su entorno cotidiano, tanto nivel conceptual como instrumental.

@EspaiEduca

 

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